Preparación espiritual para el nacimiento de un bebé

Preparación espiritual para el nacimiento de un bebé, incluso antes de la concepción

Una vez que la mujer descubre que va a tener un niño  una sensación solemne despierta: la sensación de que se le dio una tarea muy importante, y que en ella opera una voluntad divina. Y así ella se abre en devoción a ese ser  que está por venir, renuncia a sus deseos, comodidades y cosas vanas. Pero incluso antes de ese tiempo, incluso antes de la concepción, el niño ha existido como un individuo en el mundo espiritual. No era físicamente visible, pero ya estaba allí. Según Rudolf Steiner, el fundador de la antroposofía, se puede decir que al igual que el padre y la madre están preparando, esperando y soñando con la llegada de este niño, ese espíritu también estaba preparado para elegir a sus padres, quienes  convierten en posible su venida y estancia aquí en la Tierra.

En la antigüedad, las madres estaban  profundamente conectados con el niño que estaba por venir. No es extraño que nos encontramos en los cuentos de hadas en el que la llegada de un niño es anunciada mucho antes del embarazo para todo tipo de seres. En la Bella Durmiente, por ejemplo, un sapo anuncia la reina que va a dar a luz a una hermosa niña. Y por supuesto no es la Biblia donde María recibió este anuncio por la voz de un ángel.

Este momento mágico cuando la mujer se da cuenta de la aproximación de un ser incluso antes de que exista la primera celula, fue interpretado por artistas como Rafael y Leonardo da Vinci. En aquellos días, esa sensación tenía una enorme importancia. Incluso hoy en día, en que somos más terrenos, hay mujeres que se encuentran a sus hijos en  sueños, mucho antes del nacimiento . Y finalmente   se dan cuenta de que el niño se parece mucho a lo soñado. En la actualidad, el último atisbo de lo que ocurrió hace siglos se puede reconocer, tal vez en el repentino deseo de una mujer de tener un hijo. Pero este deseo surge de tal manera suave que puede ser fácilmente oculta por el miedo, la vanidad y las inseguridades.

Se crea una gran diferencia cuando ponemos la voluntad del niño a un primer plano cuando consideramos que ella eligió sus padres, su familia y hasta el momento de su nacimiento como el mejor momento para llevar adelante todo lo que necesita  cumplir. Si tenemos en cuenta sólo la voluntad de los padres y los médicos, a menudo basadas en cuestiones financieras, conveniencias, prejuicios o las modas, tienen consecuencias a lo largo de la vida de este nuevo ser. El niño que anuncia su llegada, y hace la elección de sus padres en un momento determinado, no entiende, por supuesto, estas razones. Sólo siente la resistencia u oposición a su llegada. Y esa sensación afectará a su desarrollo posterior, no importa lo que pasa en verdad. Nos corresponde, por lo tanto, aumentar nuestra conciencia y extender una alfombra roja a este ser desde el momento en que es sólo un sueño, sólo un flash. Extender una alfombra roja de bienvenida a las personas que han elegido este planeta a través de nosotros.

Por Antonio Carlos de Souza Aranha, Medico antropósofo 

Niños y niñas que han jugado bien serán ciudadanos participativos y productivos

El psicopedagogo, pensador e ilustrador italiano, conocido también como Frato, nos recuerda la importancia de que familia, escuela y ciudad garanticen el derecho de los niños y niñas al juego.

En estos días en que todos se quejan de la inseguridad en las calles, usted pide devolverles la ciudad a los niños y niñas

Es que los niños han sido expulsados de la ciudad. Actualmente no hay condiciones adecuadas para su presencia. El espacio público se ha destinado a crear estacionamientos y favorecer el movimiento de los autos en la ciudad. Las pistas se han ampliado y las veredas estrechadas porque cada vez menos personas aprovechan de la movilidad peatonal y más optan por el auto. 

Uno de los derechos del niño es la posibilidad de aprovechar los espacios públicos como todos los ciudadanos. Con la Convención sobre los Derechos del Niño, ocurre una revolución jurídica y cultural. Se reconoce que los niños son ciudadanos desde que nacen.

A diferencia de los niños de mi generación, los de hoy no encuentran un espacio para ellos y tienen que quedarse en su casa frente a una pantalla. La otra opción es que acudan a espacios exclusivos en los que es imposible que puedan relacionarse con todos los actores sociales de su comunidad.

¿Cuánto impacta en la vida de un niño que encuentre limitaciones para jugar? 

Muchísimo. Niños y niñas que han jugado bien serán ciudadanos participativos, productivos y sanos.

Actualmente no hay dudas de que el juego es una experiencia y actividad que impacta incluso en la adultez.

Recordemos que en los primeros años se produce el desarrollo más importante de toda la vida. En esta etapa no hay escuela, maestros ni textos escolares. Lo que se aprende es a través del juego. Un niño o niña que no juega no se desarrolla adecuadamente.

Una ciudad en la que no ves a la infancia jugando es una ciudad donde no existe preocupación por el bienestar de sus ciudadanos, es una sociedad que no es democrática y en la que no existe preocupación por el futuro.

¿No bastan los parques infantiles, las ludotecas…?

El derecho al juego no se cumple creando espacios reservados para los niños. Estos espacios son una ficción, un juego entre adultos para justificar su labor de cuidar a los niños y para crear condiciones favorables para conquistar el voto de los ciudadanos.

La competitividad parece estar empujando a muchas escuelas y familias a limitar el tiempo dedicado al juego para cumplir con las tareas escolares 

Desde mi punto de vista las tareas escolares para el hogar son una equivocación pedagógica, porque normalmente la mayoría de los chicos que requieren reforzar lo aprendido no tienen una familia capaz de ayudarlos en las tareas de la tarde.  

En la Convención de los Derechos del Niño hay un artículo sobre el derecho al juego y otro sobre educación. Es decir que a ambos se les concede el mismo peso y el mismo respeto. No digo que la misma cantidad de horas que se dedican a la escuela se dediquen al juego, pero creo que niños y niñas sí deben tener todos los días tiempo para jugar. 

En ese sentido, los padres deberían comprender que sus hijos no necesitan tantos juguetes, lo que requieren es tiempo libre, amigos con quienes jugar y el espacio elegido disponible. No es un gran regalo inscribirlo en todos los cursos de la tarde y cubrir su agenda de actividades como si fuera un adulto.

La ciudad también tiene que dar un paso atrás renunciando a crear espacios exclusivos para niños y aceptando que invadan, utilicen y ocupen el espacio público. Las veredas, las plazas tienen que ser compartidas con la infancia.

A las escuelas les corresponde reconocer que el tiempo de la tarde no es suyo, sino de los alumnos y alumnas y que son ellos y sus familias los que deben decidir cómo quieren aprovecharlo. Sería mucho mejor que la escuela se preocupe porque los niños aprovechen la tarde para vivir experiencias propias, ricas, de aventura y descubrimiento; de manera que al día siguiente tengan algo para contar. Que los niños lleven a la escuela la experiencia de su vida sí es una experiencia útil. 

¿Qué debe lograr la escuela para cumplir su tarea?

Debería ser el lugar donde cada alumno pueda descubrir y desarrollar hasta el máximo su talento, sus capacidades. Ayudarlos a encontrar su vocación y desarrollarla al máximo posible. Es la única garantía para que al llegar a la adultez puedan ser competentes, felices y encontrar trabajo.

Entrevista publicada originalmente en Unicef

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