Todo es ronda

Los astros son ronda de niños, 
jugando la tierra a espiar… 
Los trigos son talles de niñas 
jugando a ondular…, a ondular… 
Los ríos son rondas de niños 
jugando a encontrarse en el mar… 
Las olas son rondas de niñas, 
jugando la Tierra a abrazar..

Una contribución eficaz para dirigir la voluntad la constituyen los juegos, las rondas y las canciones que los niños ( 3 a 9 años ) hacen con alegría y entusiasmo.

El niño vive en el movimiento y el sistema motor ( esqueleto y musculatura)  constituye el punto de apoyo de la voluntad. El niño sano experimenta activamente con su cuerpo.

En las rondas el niño se siente recogido. El círculo en el que nos encontramos presta un apoyo interno y externo. Mientras cantamos, recitamos o contamos cuentos;  con ello se consigue que la intranquilidad y la hiperactividad se reduzca y se ordene el movimiento en actividades llenas de sentido.

Estos movimientos antropológicamente hablando dan calor y vivifícan el organismo entero; lo anímico penetra profundamente lo corporal y ello crea la base de una voluntad activa y espontánea.

Tomado del libro: la educación de la voluntad . Boletín 27. Ed Rudolf Steiner

 

La Fiesta del Farol

farol

Martin era un soldado Romano que es centro de una experiencia de transformación que llega hasta nuestros días,  como modelo para el ser humano.

Su historia ha sido inspiración para grandes artistas.

Se cuenta que en uno de sus viajes cabalgaba para atender sus obligaciones militares y en el camino encontró a un hombre que padecía intensamente los rigores del frío y la nieve.  Al oír el ruego de aquel mendigo,  Martín detuvo su caballo, para atender al Hombre.

Partió su capa en dos y cubrió con una parte a quien necesitaba y guardo la otra parte sobre sus hombros, era también esta capa  su abrigo y el símbolo de lo que él era, un soldado Romano. Martin ayudó, pero no dejo de hacerse cargo de su destino.

Durante la noche, Martín tuvo un sueño, en el que se presentó Cristo, envuelto en aquella media capa, agradeciendo y reconociendo aquel gesto profundo de compasión que había recibido de manos de Martin.

Esta vivencia hizo un vuelco en la vida de Martin, quien decidió dejar su historia como soldado y honrar aquel calor nuevo, aquella nueva luz, que vivía en su corazón. Calor y luz  que el Hombre muriendo de frío le permitió recordar.

Nuestros faroles encendidos, son reflejo, imagen de aquella Luz que se enciende en el corazón del hombre, que nos acompaña y sirve de guía en la oscuridad en la que está época del año nos comienza a sumergir.

Caminamos hacia el invierno observantes y conscientes de que en nuestro interior vive la luz que compensa aquella oscuridad que crece en el invierno, nuestro farol es testigo. Llevamos este testigo, esta guía hasta el día de Navidad, donde el La Luz es otra vez más larga que la noche.

¡Que brillen nuestros Faroles!

Cuidado del calor en la infancia

— ¿Cómo nos enfrentamos a los rigores del frío?

— ¿Cuidamos de forma adecuada el calor de nuestros hijos y nuestro propio calor? 

— ¿Qué trascendencia tiene el cuidado del calor corporal para la salud presente y futura?

Mediante este taller deseamos compartir conocimientos prácticos y teóricos que nos ayuden a poner más atención en el cuidado del calor en todas las edades, y también a tener herramientas para prevenir resfriados, recuperar y fortalecer la salud, en suma, para crear bienestar.

Consideramos que estos conocimientos son imprescindibles para madres y padres, especialmente de niños pequeños, y para cualquier persona que quiera participar activamente en su propia salud y en la de su entorno familiar y social.

Desde la vivencia, experimentaremos la propia percepción del frío y del calor mediante ejercicios prácticos, baños calientes de pies y dinámicas de grupo con euritmia.

Desde la observación, activaremos la vigilancia para detectar frío y exceso de calor; valoraremos la cualidad térmica de los tejidos naturales y sintéticos del vestido, calzado y ropa del hogar.

Desde la reflexión, consideraremos el calor como organismo, y también el sentido térmico —según la visión ampliada del hombre que nos ofrece la Antroposofia—, para incidir en la cualidad calórica en el ámbito de las relaciones humanas.

Acercarse individualmente a este trabajo colectivo sobre el cuidado del calor es una necesidad social que apela a una Cultura del Calor.


TALLER TEÓRICO-PRÁCTICO

“Cuidado del calor en la infancia”

(Programa preliminar susceptible de variaciones)

En la mañana…

…empezaremos con unos ejercicios de euritmia higiénica para despertar y sobre todo llevar la conciencia a los pies, así como para generar calor interior y exterior. La euritmia higiénica, como recurso salutogenético, ejercitada individualmente para el encuentro en uno mismo y en grupo, para el encuentro con los demás. Ejercicios prácticos y saludables para practicar luego en casa

Presentación y breve exposición de la propia vivencia de cada uno/a de los/as asistentes del calor y del frío. El objetivo es constatar hasta qué punto la vivencia térmica es una cuestión personal e individual.

Explicación de cómo realizaremos la práctica de la aplicación de un baño caliente de pies, para ello formaremos parejas de trabajo. Mientras los que van a ofrecer el baño preparan lo necesario, los que van a recibirlo andan descalzos para vivenciar el frío en los pies. Su finalidad es empatizar con los pies fríos de nuestros niños y niñas a cargo nuestro para plantear los efectos que pueden originar, así como también el rencuentro con el calor brindado por el baño caliente de pies.

Hablaremos de las indicaciones para cada uno de los diferentes aceites esenciales (romero, melisa y lavanda) planteando, a partir de las propias necesidades individuales y situaciones cuotidianas de cada una/o, las posibles alternativas y soluciones prácticas; así mismo las precauciones a tener en cuenta con respecto del uso de los aceites esenciales y la temperatura del agua.

Aprenderemos a aplicar el baño caliente de pies y/o de manos poniendo atención en el acompañamiento de principio a fin, especialmente de los más menudos de la casa o del aula. Tras el intercambio habremos aplicado y recibido un baño de pies caliente. Los objetivos se centran en:

  1. acercar esta aplicación externa como un recurso preventivo y de bienestar
  2. despertar/fomentar/desarrollar el estado de atención con relación al calor corporal
  3. conocer sus posibilidades y variantes de aplicación también como proceso creativo

El rencuentro corporal con el calor tras una aplicación externa: la vivencia de la unidad del ser divisible mediante el frío y reunida por el calor.

El material necesario que cada participante debe traer de casa es una toalla grande de baño y calcetines de algodón o lana, según el tiempo y cada uno/a.


Horario del taller: de 9:30 a 13:30h y de 16:00 a 19:30h

Aportación: 45 €


Marcel Antón Pedrola, 45 años, trabaja actualmente como Padre de día en Casa Sant Martí en L’Aleixar (Tarragona) es Técnico Auxiliar en Cuidados de Enfermería, Masajista Pressel y miembro colaborador del Instituto Hygiea.

La mariposa

Cansadas sus alas, una mariposa revoloteaba sobre la pradera. Caía una ligera llovizna que empapó sus bellas alas, poniéndolas tan pesadas que la mariposa cayó sobre la hierba. Casi todo el polvo brillante que cubría sus alas había desaparecido. En vano trató de volar. Se arrastró penosamente hacia una planta y puso un par de pequeños huevos bajo sus hojas. Viendo que sus alas ya no podían levantarla, las dobló y permaneció quieta, soñando con flores y rayos de sol mientras la lluvia caía más y más tupida. Cundo sopló la fría brisa de la noche sobre la pradera, la mariposa se durmió para siempre. Los pequeños huevos quedaban al cuidado de la Madre Tierra. Durante el día, el sol los cubría con su calor; en la noche, la tierra los envolvía con su tibio aliento. La hoja los protegía de la lluvia, de manera que siempre estaban bien cuidados. El torrente de vida latente en la vieja mariposa se había agotado, pero había dejado una chispa en cada huevecillo. Pasaron los días, se percibió un suave movimiento debajo de la delicada envoltura. Un rayito de sol que jugueteaba envolviendo la planta exclamó: “salgan, salgan”. El huevo se estiró, se agitó y, por fin, se rompió dejando salir una pequeña larva con el cuerpo cubierto de puntos amarillos, tan suaves y tiernos como un hilo de seda. La pequeña criatura se arrastró hacia la verde hoja, haciendo de aquel lugar su jardín; así como también su fuente de alimentación. La larva se dio cuenta de que el borde de la hoja era más sabroso, y poco a poco roía las esquinitas. Después de unos cuantos días, la mitad de la hoja había desaparecido. El rayito de sol gritó de nuevo:”sal hacia el verde mundo”. La pequeña larva se deslizó de planta en plana. No todas les gustaban y siempre permanecía más tiempo sobre las plantas que se parecían a aquella que fue su primer hogar. El tiempo pasó, la larva creció. Después de unas cuantas semanas, su lomo se cubrió de mechones de pelusa larga de color café, entre esos mechones brillaron pequeñas motas rojas. Terminó el verano. El viento de otoño sopló sobre la pradera y sobre los campos. El rayo de sol volvió a decir; “busca un lugar tranquilo, que te sirva de albergue”. Obediente la larva se deslizó entre las piedras, adentrándose en la tierra. Tenia miedo de la oscuridad y murmuró quedamente:”Madre Tierra, ayúdame a penetrar, el sol quiere que me aleje de los verdes campos”. La Madre Tierra respondió con ternura:”No llores, deja tras de ti el verde mundo, sigue el consejo  del sol, ven a mí. Despójate de tu ropaje, está viejo y arrugado; ahora duerme, mis duendes tejerán bellos sueños para ti”. La larva tiró su traje usado y descansó placidamente. Súbitamente sintió que su cuerpo se ponía tenso, duro, como si fuera de madera, no podía moverse. Sintió que se asfixiaba, quiso pedir ayuda a la Madre Tierra:”Ayúdame, ayúdame esto debe ser la muerte”, gemía. Pero antes de poder pronunciar una sola palabra, cayó en un profundo sueño. Su piel se endureció como la madera. Cuando llegó el invierno, los copos de nieve cubrieron las tierras y las estrellas brillaban intensamente en el cielo nocturno, ocurrió un milagro dentro del cuerpo de madera de la larva. Con suaves deditos, misteriosos duendecillos introdujeron un traje celestial en el quieto y silencioso cuerpo de madera. Lo habían tejido con luz de las estrellas y resplandor del arco iris. La tibia primavera fundió la nieve. Su calor llegó al fondo de la tierra. En la pradera, las flores se abrían a la luz cálida del sol, y cuando hubieron engalanado los prados con sus brillantes colores, allí en el interior de la tierra, se abrió la caja de madera y donde se durmió la larva despertó una mariposa. Buscando su caminito entre las piedras, la mariposa surgió al aire libre, hacia la luz. Oyó el eco de un canto que venía desde el mundo brillante: “ven con nosotras” decían en el lenguaje de las flores. Las flores se quejaron al sol: “ojala pudiéramos también volar hacia ti, trenzando figuras entre tus rayos”. El sol replicó: “debo vagar sobre tierras y mares; esperen un poco y mi “pájaro-sol”, vendrá hacia ustedes. El sabe las maravillosas historias de las estrellas y del arco iris. Al mismo instante, la mariposa voló, posándose sobre las flores. Permaneció para siempre con ellas y las flores la querían como una hermana.

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