Pajaritos de papel y tela

Materiales:

4 tiras de papel pinocho de colores vivos (3x40cms. aprox)

un cuadrado de tela de 12x12cms. aprox.,
semillas de alpiste,
cuerda de algodón.
Indicaciones:
1.- poner 4 cucharaditas de semillas sobre el cuadrado de tela
2.- cerrar como un saquito
3.- juntar las cintas de papel y atarlas firmemente con la cuerda de algodón, todas a la vez al extremo del saquito.Esta amarra tiene doble función fijar las cintas al saquito y cerrar el mismo
¡ y ya esta listo para volar!
Esta es una preciosa manualidad para hacer en este tiempo de verano, pueden disfrutarla mucho grandes y pequeños. ANIMAOS

El hombrecillo de Otoño

Ocurrió en un día de septiembre caluroso, que el viento del este, sin darse cuenta, llevaba en su abrigo de viento un pequeño hombrecillo consigo. Su melena era roja como el fuego y su barba también. Llevaba un abriguito de mil colores. Los gnomos y los elfos le llamaban el Hombrecillo de Otoño. Nadie sabía de dónde venía, pero la aparición del hombrecillo desencadenaba siempre grandes preparativos de viaje. A su llegada, todos se preparaban para marchar al interior de la tierra.

Era divertido observar el Hombrecillo de Otoño, agarrado a los pliegues del abrigo del viento. Miraba con ojitos alegres y negros a su alrededor. Cuando el viento del este pasaba por encima de una zarzamora silvestre, el Hombrecillo dio un brinco y saltó encima de una hoja de zarzamora. Suavemente la acarició con sus pequeñísimos dedos toscos y lentamente el verde se transformó en un rojo profundo. Al lado del arbusto estaba una lagartija tomando sol, y de placer se rio a la manera de las lagartijas, viendo el maravilloso cambio, y la zarzamora misma pareció disfrutar de la pintura encantadora del Hombrecillo de Otoño porque gustosa le alargó sus ramas a las manesillas toscas del ser multicolor. Pronto brillaron muchas ramas de rojo profundo; algunas sólo tenían puntitos y manchas amarillas en el verde de las hojas, pero esto no bastaba al hombrecillo. Ágilmente saltó a un arce que crecía al lado de la zarzamora en una pendiente. Hoja tras hoja tocaba el hombrecillo y transformaba el color de las hojas en amarillo reluciente. Todo el árbol se alegró de su nuevo esplendor y los rayos del sol bailaron entre las ramas e iluminaron el árbol de oro. Así, el hombrecillo brincó de arbusto a arbusto, de árbol en árbol y transformó el bosque entero. A veces saltaba a la cima de un árbol y lo teñía color oro, a veces susurraba a las hojas verdes:

– vendré más tarde con vosotras, no os pongáis tristes.

Las hojas se movían con el viento, conocían al hombrecillo y sabían que iba a mantener su palabra. Así, durante muchos días se dedicó a su juego divertido.

De vez en cuando, el otoño miraba a través de los árboles y observaba sonriente a su fiel ayudante. Pero de pronto, llegó noviembre y trajo consigo las nieblas, las lluvias y el frío. Desapareció el esplendor. Las hojas marrones caían en silencio al suelo. Todos los animales se escondieron en sus madrigueras y escondites protegidos. Los pájaros se ocultaron en sus nidos. Ayer aún, un cuervo viejo había visto al Hombrecillo de Otoño – Pero hoy había desaparecido- ¿A dónde había ido? Nadie lo sabe. Sin embargo, el año próximo vendrá de nuevo.

 

Editorial Rudolf Steiner

 

Doña Primavera

Doña Primavera
viste que es primor,
viste en limonero
y en naranjo en flor.

Lleva por sandalias
unas anchas hojas,
y por caravanas
unas fucsias rojas.

Doña Primavera
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo.

Salid a encontrarla
por esos caminos.
¡Va llena de soles
y llena de trinos!

Gabriela Mistral

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