Nuestra fiesta del farol

Os compartimos algunas imágenes de nuestra Fiesta del Farol. Agradecidos de nuestros niños, motores de tanta belleza, panaderos generoso, al maravilloso coro de madres, padres, abuelos, abuelas y amigos, a las manos sutiles que dieron vida a un teatrillo inolvidable y ai calor de quien, con amor, ha preparado una deliciosa sopa, A la voz de otoño que nos cantó la historia de Martín, y a los enanos que trabajaron sin ser vistos. A todos gratitud.
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Farol de Otoño

Aprovechando el maravilloso regalo de color que nos hace el otoño, hojas rojas, doradas, amarillas…podemos hacer este farolito.

Una manualidad sencilla para hacer en familia. Hace falta, hojas de otoño que podemos recoger con los niños, un bote de cristal, papel de seda de color otoñal, pegamento en barra, una vela y mucho amor. ¡ANIMAOS!

Versos de Otoño

El árbol pelado

El Otoño ha llegado

 

Hojas que caen

La hoja cayó

En mullido colchón

Dormida a la tierra alimentará

Y en primavera

Nueva hoja será

 

Hojas del jardín

Montañas de hojas

Yo quiero pisar

Que crujan, que suenen

¡Que alegría da!

 

Otoño dorado

Otoño dorado

¿Que frutos has dado?

Manzanas rojitas, almendras también

Uvas negras, granadas y muy rica miel

Chirimoyas e higos que quiero comer

Y con las calabazas una rica sopa hacer

 

Farolito

Farolito amigo

Camina conmigo

Y en mi corazón

Enciende un fogón

 

La niña del Farol

Había una vez una niña que llevaba su brillante farolito por las calles llena de alegría.

 

Yo voy con mi farolito y mi farolito conmigo;

Arriba brillan estrellas, abajo yo y mi amigo.

 

Entonces vino el viento silbando y zumbando.

Y la lucecita apagando.

 

-¡Oh! –exclamó la niña-. ¿Quién encenderá mi farol?-. Pero por mucho que buscó, nadie apareció.

(Llega un erizo).

¿Qué es lo que se mueve en el follaje? ¿Qué es lo que anda a pasitos cortos y rápidos?

¿Qué es lo que se desliza tan deprisa? ¡Es un amiguito con pinchos!

Querido erizo mío, el viento apagó mi farol. ¿Quién puede encendérmelo de nuevo?

 

No te puedo contestar, tienes otros a quien preguntar.

No me puedo parar, donde mis hijos tengo que estar.

 

(La niña sigue su camino. Llega un oso).

¿Qué es lo que tanto gruñe? ¡Es el amigo oso! Querido oso mío, el viento apagó mi farol.

¿No sabes de alguien que pueda encendérmelo? El oso mueve su gordinflona cabeza y dice:

 

No te puedo contestar, tienes otros a quien preguntar.

No me puedo parar, tengo que ir a descansar.

 

¿Qué es lo que se mueve tan suave? ¿Qué es lo que se desliza por la hierba?

Es un listo y astuto zorro. Husmea con su nariz y dice a la niña:

De aquí te tienes que marchar, a tu casa tienes que llegar. Debo deslizarme y observar. Pronto un ratón quiero cazar.

 

Entonces la niña se sentó en una piedra y llorando dijo:

¿Nadie me quiere ayudar?

Las estrellas la oyeron y dijeron:

Al sol debes preguntar. El te puede contestar.

La niña recobró su ánimo y siguió adelante. Finalmente llegó a una casita. Dentro vio a una anciana que estaba hilando en una rueca. La niña abrió la puerta y dijo: -¿Sabes el camino hacia el Sol? ¿Quieres venir conmigo?

 

Tengo que trabajar. Hilos finos tengo que hilar.

Pero descansa un poco a mi lado pues te espera un camino largo y cansado.

La niña entró y se sentó. Cuando la niña hubo descansado cogió su farol y siguió su camino.

 

Y caminando llegó a una casita. Dentro se encontraba el anciano zapatero arreglando zapatos.

– Buenos días, querido zapatero. ¿Conoces tú el camino que lleva al Sol? ¿Quieres venir conmigo?

Y el zapatero dijo:

Muchos zapatos hay que arreglar no tengo tiempo para pasear.

Pero descansa un poco a mi lado pues te espera un camino largo y cansado.

Cuando la niña hubo descansado, agarró su farol y siguió adelante. Finalmente, en la lejanía, vio un monte muy alto. Y pensó:

 

– Allí arriba vivirá el Sol.

Y corrió ligera como un corzo. Se le acercó un niñito que estaba jugando y saltando con su pelota en la pradera.

-¿Quieres venir conmigo al sol? Pero el niño prefería saltar y jugar.

Entonces la niña subió sola su camino, subiendo más y más por la montaña. Pero allí arriba tampoco encontró al Sol. Y pensando se dijo:

– Aquí me quedo esperando al Sol.

Y se sentó en el suelo a esperarlo. Como estaba muy cansada de tanto andar, se le cerraron los ojos y se quedó dormida.

Pero el Sol había visto a la niña desde hacía tiempo, y cuando llegó el atardecer se inclinó y le encendió el farol. Entonces la niña se despertó y exclamó:

-¡Oh! mi farol brilla de nuevo.

 

Y levantándose, se puso alegremente en camino.

 

De nuevo encontró al niño, y éste le dijo:

– He perdido mi pelota y no la puedo encontrar.

– Yo te voy a iluminar –le dijo la niña.- Aquí está –gritó el niño-. Y se alejó cantando y saltando.

 

La niña siguió su camino y llegó a la casa del zapatero.

El zapatero estaba triste en su cuartito. – Se apagó la lumbre –dijo- mis manos se quedaron tiesas de frío, y no puedo seguir arreglando zapatos.

– Yo te encenderé de nuevo la lumbre –dijo la niña.

El zapatero se calentó sus manos y siguió diligentemente martillando y cosiendo.

 

Lentamente prosiguió la niña su camino a través del bosque, llegando a la casita de la anciana. En su cuartito no había luz. – Mi luz se apagó –dijo la anciana-. Desde hace tiempo no puedo seguir hilando.

– Yo te encenderé de nuevo la luz –dijo la niña alegremente.

Entonces la anciana cogió de nuevo su rueca y siguió hilando finos hilos.

 

Por fin la niña llego al bosque y todos los animales se despertaron del resplandor.

El zorrito husmeó y miró la luz. El oso gruñó y gruñó, acurrucándose aún más en su cueva de invierno. El erizo se acercó lleno de curiosidad:

– ¡Qué luciérnaga tan grande hay aquí!

 

La niña se fue alegremente a casa cantando:

 

Yo voy con mi farolito y mi farolito conmigo;

Arriba brillan estrellas, abajo yo y mi amigo.

 

Waldorf one World

La pasada semana celebrábamos en Casa Waldorf el  WOW Day, con las familias más cercanas y aquellos amigos que también quisieron acercarsea disfrutar de este evento.
Fue una tarda maravillosa, dónde los más pequeños (y los mayores) pudimos disfrutar de las dulces tartas que las familias habían preparado y del bonito cuento de Micael, hermosamente cantado y contado por Sandra.

Escribimos en telitas nuestros deseos para la infancia y las dejamos ondear al aire otoñal, en un ambiente festivo y alegre.

También Milan nos ofreció sus bonitas peonzas hechas a mano, y cuyos beneficios fueron destinados a los más necesitados, así como las aportaciones voluntarias de familias y amigos.

Os dejamos las fotografías del evento para que las disfrutéis, tanto como nosotros disfrutamos de la celebración.

 

Los organizadores del evento nos han respondido con esta nota desde Alemania:

«Vielen herzlichen Dank für die schönen Fotos und den kleinen Bericht! Wir sind sehr berührt von Eurer Teilnahme beim WOW-Day und das Engagement der Casa Waldorf.

Wir werden allmählich berichten und am Ende der Aktion uns bei allen Kindern und Schulen bedanken.

Liebe Grüße und einen großen Dank an alle Kinder

Olivia Girard»


«Muchas gracias de corazón por las bellas fotos y el pequeño boletín. Nos sentimos muy emocionados de nuestra participación al WOW-Day y el involucramiento de Casa Waldorf.

En breve vamos a informar y al final de la acción vamos a agradecer a todos los niños y escuelas.

Con saludos cariñosos y gran agradecimiento a todos los niños

Olivia Girard»

WOW DAY

Queridas familias.

 

Casa Waldorf ha recibido una invitación para participar en WOW Day. Nos sentimos alegres y honrados y queremos compartir esta alegría con todos quienes formamos parte de esta familia.

 

WOW Day (Waldorf one World) es una iniciativa nacida de los amigos de la pedagogía waldorf de Alemania, pero que hoy se extiende por todo el mundo. Es un día de solidaridad en que los alumnos y sus familias con ideas creativas recaudan fondos para la colaboración con iniciativas con menos recursos materiales.

 

Este evento coincide con las celebraciones de Micael pues estamos llamados a vencer las dificultades y ayudar a los que necesiten a vencerlas también.

La propuesta es recoger entre nuestros amigos, escrito en pocas líneas “un deseo para la infancia” pueden venir estos de todas partes del mundo. Y encontrarnos luego para escribirlos uno a uno entre todos, en trozos de tela a modo de pequeñas banderitas que colgaremos en una cuerda que cruce el jardín de nuestra casa durante todo el otoño. Es una manera de pedir al viento que lleve nuestro deseo hasta donde pueda materializarse.

 

Los niños harán un pan de Micael que ofrecerán, junto con infusiones y bebidas a las familias asistente. Las familias de la casa y las que lo deseen pueden aportar un pastel o tarta que ofreceremos a cambio de una aportación. Todo lo recaudado será entregado para ayudar a una iniciativa Waldorf en algún lugar del mundo.

 

Se ofrecerá una ”Historia de Micael” para los niños y sus familias y nuestros niños nos ofrecerán una ronda de Otoño y juntos tendremos nuestra fiesta de la cosecha.

 

El evento tendrá lugar en Casa Waldorf el viernes 3 de octubre de 16h a 18h y podéis invitar a familiares y amigos. Es indispensable que confirméis vuestra asistencia y vuestra aportación culinaria.

 

Esperando que esta iniciativa encuentre eco en vuestros corazones os deseamos un feliz día

Con cariño

Fernanda y Sandra

 

Más info https://www.freunde-waldorf.de/de/wow-day/was-ist-der-wow-day.html

 

wowday

El hombrecillo de Otoño

Ocurrió en un día de septiembre caluroso, que el viento del este, sin darse cuenta, llevaba en su abrigo de viento un pequeño hombrecillo consigo. Su melena era roja como el fuego y su barba también. Llevaba un abriguito de mil colores. Los gnomos y los elfos le llamaban el Hombrecillo de Otoño. Nadie sabía de dónde venía, pero la aparición del hombrecillo desencadenaba siempre grandes preparativos de viaje. A su llegada, todos se preparaban para marchar al interior de la tierra.

Era divertido observar el Hombrecillo de Otoño, agarrado a los pliegues del abrigo del viento. Miraba con ojitos alegres y negros a su alrededor. Cuando el viento del este pasaba por encima de una zarzamora silvestre, el Hombrecillo dio un brinco y saltó encima de una hoja de zarzamora. Suavemente la acarició con sus pequeñísimos dedos toscos y lentamente el verde se transformó en un rojo profundo. Al lado del arbusto estaba una lagartija tomando sol, y de placer se rio a la manera de las lagartijas, viendo el maravilloso cambio, y la zarzamora misma pareció disfrutar de la pintura encantadora del Hombrecillo de Otoño porque gustosa le alargó sus ramas a las manesillas toscas del ser multicolor. Pronto brillaron muchas ramas de rojo profundo; algunas sólo tenían puntitos y manchas amarillas en el verde de las hojas, pero esto no bastaba al hombrecillo. Ágilmente saltó a un arce que crecía al lado de la zarzamora en una pendiente. Hoja tras hoja tocaba el hombrecillo y transformaba el color de las hojas en amarillo reluciente. Todo el árbol se alegró de su nuevo esplendor y los rayos del sol bailaron entre las ramas e iluminaron el árbol de oro. Así, el hombrecillo brincó de arbusto a arbusto, de árbol en árbol y transformó el bosque entero. A veces saltaba a la cima de un árbol y lo teñía color oro, a veces susurraba a las hojas verdes:

– vendré más tarde con vosotras, no os pongáis tristes.

Las hojas se movían con el viento, conocían al hombrecillo y sabían que iba a mantener su palabra. Así, durante muchos días se dedicó a su juego divertido.

De vez en cuando, el otoño miraba a través de los árboles y observaba sonriente a su fiel ayudante. Pero de pronto, llegó noviembre y trajo consigo las nieblas, las lluvias y el frío. Desapareció el esplendor. Las hojas marrones caían en silencio al suelo. Todos los animales se escondieron en sus madrigueras y escondites protegidos. Los pájaros se ocultaron en sus nidos. Ayer aún, un cuervo viejo había visto al Hombrecillo de Otoño – Pero hoy había desaparecido- ¿A dónde había ido? Nadie lo sabe. Sin embargo, el año próximo vendrá de nuevo.

 

Editorial Rudolf Steiner

 

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