La cajita de Olinalá

poema de Gabriela Mistral

Cajita mía 

de Olinalá, 

palo-rosa, 

jacarandá. 

Cuando la abro 

de golpe da 

su olor de reina 

de Sabá. 

¡Ay, bocanada 

tropical: 

clavo, caoba 

y el copal! 

La pongo aquí, 

la dejo allá; 

por corredores 

viene y va. 

Hierve de grecas 

como un país: 

nopal, venado, 

codorniz, 

los volcanes 

de gran cerviz 

y el indio aéreo 

como el maíz. 

Así la pintan, 

así, así, 

dedos de indio 

o colibrí; 

y así la hace 

de cabal 

mano azteca, 

mano quetzal. 

II 

Cuando la noche 

va a llegar, 

porque me guarde 

de su mal, 

me la pongo 

de cabezal 

donde otros ponen 

su metal. 

Lindos sueños 

que hace soñar; 

hace reír, 

hace llorar: 

Mano a mano 

se pasa el mar, 

sierras mellizas 

campos de arar. 

Se ve al Anáhuac 

rebrillar, 

la bestia-Ajusco 

que va a saltar, 

y por el rumbo 

que lleva al mar, 

a Quetzalcoalt 

se va a alcanzar. 

Ella es mi hálito, 

yo, su andar; 

ella, saber; 

yo, desvariar. 

Y paramos 

como el maná 

donde el camino 

se sobra ya, 

donde nos grita 

un ¡halalá! 

el mujerío 

de Olinalá.

Todo es ronda

Los astros son ronda de niños, 
jugando la tierra a espiar… 
Los trigos son talles de niñas 
jugando a ondular…, a ondular… 
Los ríos son rondas de niños 
jugando a encontrarse en el mar… 
Las olas son rondas de niñas, 
jugando la Tierra a abrazar..

Una contribución eficaz para dirigir la voluntad la constituyen los juegos, las rondas y las canciones que los niños ( 3 a 9 años ) hacen con alegría y entusiasmo.

El niño vive en el movimiento y el sistema motor ( esqueleto y musculatura)  constituye el punto de apoyo de la voluntad. El niño sano experimenta activamente con su cuerpo.

En las rondas el niño se siente recogido. El círculo en el que nos encontramos presta un apoyo interno y externo. Mientras cantamos, recitamos o contamos cuentos;  con ello se consigue que la intranquilidad y la hiperactividad se reduzca y se ordene el movimiento en actividades llenas de sentido.

Estos movimientos antropológicamente hablando dan calor y vivifícan el organismo entero; lo anímico penetra profundamente lo corporal y ello crea la base de una voluntad activa y espontánea.

Tomado del libro: la educación de la voluntad . Boletín 27. Ed Rudolf Steiner

 

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