La cajita de Ojinalá


poema de Gabriela Mistral

Cajita mía 

de Olinalá, 

palo-rosa, 

jacarandá. 

Cuando la abro 

de golpe da 

su olor de reina 

de Sabá. 

¡Ay, bocanada 

tropical: 

clavo, caoba 

y el copal! 

La pongo aquí, 

la dejo allá; 

por corredores 

viene y va. 

Hierve de grecas 

como un país: 

nopal, venado, 

codorniz, 

los volcanes 

de gran cerviz 

y el indio aéreo 

como el maíz. 

Así la pintan, 

así, así, 

dedos de indio 

o colibrí; 

y así la hace 

de cabal 

mano azteca, 

mano quetzal. 

II 

Cuando la noche 

va a llegar, 

porque me guarde 

de su mal, 

me la pongo 

de cabezal 

donde otros ponen 

su metal. 

Lindos sueños 

que hace soñar; 

hace reír, 

hace llorar: 

Mano a mano 

se pasa el mar, 

sierras mellizas 

campos de arar. 

Se ve al Anáhuac 

rebrillar, 

la bestia-Ajusco 

que va a saltar, 

y por el rumbo 

que lleva al mar, 

a Quetzalcoalt 

se va a alcanzar. 

Ella es mi hálito, 

yo, su andar; 

ella, saber; 

yo, desvariar. 

Y paramos 

como el maná 

donde el camino 

se sobra ya, 

donde nos grita 

un ¡halalá! 

el mujerío 

de Olinalá.

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