Esta Navidad regala piezas únicas

Manualidad: Zapatillas para niños/ niñas

Hechas con amor

(Nº20-23)

Necesitamos:

· 35/40gr. De lana de dos hebras. Es mejor si la lana es gordita, así quedarán más mullidas y los pies mantendrán mejor el calor.

· Agujas del número 3 o 4 (o las que tengas en casa).

· Aguja de coser lana.

· Un trozo de piel (se puede reciclar de un bolso viejo).

1.- Montar 20 puntos, y tejer un rectángulo del largo del pie del niño. Para saber cuántos puntos montar, dependiendo del tamaño del pie del niño o la niña. Debemos medir de tobillo a tobillo pasando por bajo del talón. Ese será el buen ancho de la zapatilla.

2.- Cuando tenemos el rectángulo tejido, enhebramos la aguja con el extremo de la lana con la que estanos tejiendo y pasamos la hebra por dentro de cada punto y fruncimos, automáticamente la zapatilla se doblará por la mitad y Tendremos la punta de la zapatilla.

3.- Desde el frunce seguimos cosiendo hasta la mitad de la zapatilla ( o hasta dejar una abertura necesaria para meter el pie.

4.- Cosemos la parte posterior de la zapatilla doblada en dos.

5.- Dibujamos la base de la zapatilla en el trozo de piel y recortamos dos iguales, uno para pie derecho y otro para pie izquierdo.

7.- Marcamos con un corta cartón (cúter/punzón) o cuchillo, los puntos por donde pasará la aguja por la piel.

8.-Fijamos, a través de los agujeros, la piel en la base de la zapatilla., con punto de ojal o festón. Si esa piel tiene una parte lisa y una rugosa, la rugosa debe quedar hacia el suelo para evitar que la zapatilla resbale.

9.-Repetimos para el otro pie.

Los niños y la muñeca

Por Sandra Chandía Riaño

Todos reconocemos que, desde que El niño/a nace, como si brotara a la vida, va desplegándose lentamente hasta alcanzar, en la mayoría de edad, la madurez.

Dicho proceso está impregnado del deseo de conocer del niño/a. Este deseo le lleva, en la más tierna infancia, a realizar grandes hazañas como son, ponerse de pie, luego conquistar el habla y como tercer hito, el desarrollo de los rudimentos del pensar.

Todos los elementos físicos, anímicos y espirituales que están presentes en el entorno del niño/a, ya sea de manera voluntaria o no, hacen parte del bagaje de la infancia, impregnan su cualidad en el alma infantil.

Este ser, todo órgano sensorio, puede captar la realidad de los objetos  (físicos y sutiles) e incorporar su comprensión desde la más primigenia experiencia, tan profundamente, que hacen parte de su forma, de lo que estructuralmente el niño/a es, las experiencias – vivencias calan hasta los huesos.

Reconocida esta cualidad quisiera hablar de las muñecas, definidas como el elemento que, en el juego infantil ,  ofrece la visión de lo humano. La pregunta que debemos hacernos entonces es: ¿qué imagen del hombre le queremos ofrecer al niño/a? ¿Cuál es la cosmovisión de hombre que llega al niño/a al recibir tal o cual objeto – muñeca.

Toda la visión del hombre para la antroposofía, está recogida en la muñeca waldorf o debería estarlo.  Es esta cualidad sutil fundamental la que le permite al niño, sentirse reconocido, acogido, reflejado, visto en la muñeca, que sin duda se transformará, como no podría ser de otra manera, en un compañero inseparable para el juego, para la vida.

La muñeca recoge a su vez la idea del hombre en desarrollo, refleja la madurez temporal del niño en este desplegarse del ser, es por esto que su forma externa se va complejizando en la medida en el que el niño crece.

La forma de la cabeza, esférica, reconoce la cualidad cósmica – celeste  del hombre, le habla de su patria original. Esta cabeza colocada en el centro de su corporalidad actualiza la idea del hombre recto en la vertical que puede libremente, dirigir su mirada al cielo, es el único sobre la tierra con la posibilidad de hacerlo. Esta cabeza se va definiendo más y más en su desarrollo, se va individualizando y aparece en ella el gesto único y particular. La hendidura de los ojos, que imprime un carácter al rostro, el color de ojos y pelo, van ofreciendo al ser herramientas para llevar adelante su destino y la muñeca se hace eco de esta realidad evolutiva y de la realidad exterior a la que el niño pertenece.

El tórax con su cualidad rítmica, aún dormida a la consciencia en la temprana infancia, va adquiriendo firmeza, hasta  hacerse casa de corazón y pulmones, es flexible, acoge el movimiento rítmico,  se expande y retrae, esta fundamental cualidad aparece en la confección de esta muñeca haciendo el relleno de este”tórax” firme pero blandito, que los dedos puedan hundirse levemente. Es esta casa – corazón el centro de la acción del hombre en el mundo y como centro es mezcla entre duro y blando, lugar de paso, de interrelación.

Los miembros móviles, abiertos en expansión al mundo, reflejo de la acción humana, se van materializando en la imagen muñeca en la medida en que aparecen a la realidad del niño en evolución.  En la muñeca de nudos, por ejemplo, en donde los miembros están  apenas esbozados por encontrarse fuera del rango a la conciencia. Un pequeño nudo en el extremo de una tela se transforma en “mano” a imagen de aquel puño cerrado del bebé que aún tiene todo el mundo por descubrir.  Brazos y piernas aparecerán en la medida en la que vayan siendo “activas” en el desarrollo motor del niño. También el tono muscular asociado naturalmente a la capacidad motora se verá reflejado en la cualidad del relleno de la muñeca. 

La proporción entre todas las partes que componen la muñeca, cabeza, tronco y extremidades es semejante a la del niño pequeño y esta debe ser tenida en cuenta a la hora de confeccionar una muñeca.

Finalmente me gustaría recordar que lo más valioso que puede contener un juguete confeccionado a mano es el calor humano que en el se imprime. Llenemos los juguetes de nuestros niños y niñas de buenos pensamientos, de claridad, de noble intención y de mucho, mucho amor.


«Si entendemos bien esta fiesta, tendremos que decir:

Lo que creemos que nace de nuevo simbólicamente cada Noche de Navidad, es el alma humana en su naturaleza original, el espíritu de la infancia del ser humano, en la pureza del comienzo de la evolución de la tierra; Entonces descendió como una revelación desde las alturas celestiales. Y cuando el corazón humano toma conciencia de esta realidad, el alma está llena de la inquebrantable paz que puede llevarnos a nuestros más elevados objetivos, si somos personas de buena voluntad. Ciertamente, grande es la palabra que resuena para nosotros en la noche de Navidad, si realmente comprendemos su significado.»

Rudolf Steiner

Los ducados caídos del cielo

Érase una vez una niña que había perdido a su padre y a su madre, y se quedó tan pobre, que no tenía ni una cabaña en la que vivir, ni una camita donde dormir. Sólo le quedaban los vestidos que llevaba puestos y un pedazo de pan que le diera un alma caritativa.

Pero la niña era buena y piadosa. Viéndose abandonada del mundo entero, marchóse campo a través, puesta la confianza en Dios nuestro Señor. Encontróse con un mendigo, que le dijo:

– ¡Ay! Dame algo de comer. ¡Tengo tanta hambre!

Ella le alargó el pan que tenía en la mano, diciendo:

– ¡Dios os bendiga! – y siguió adelante.

Más lejos encontró a un niño que le dijo, llorando: – Tengo frío en la cabeza. Dame algo con que cubrirme.

Quitóse la muchachita su gorro y se lo dio.

Y más adelante salióle al paso una niña que no llevaba corpiño y tiritaba de frío. Diole ella el suyo. Después pidióle otra la faldita, y ella se la dio también.

Finalmente, llegó a un bosque, cuando ya había oscurecido, y presentósele otra niña desvalida que le pidió una camisita. La piadosa muchacha pensó: «Es ya noche oscura y nadie me verá. Bien puedo desprenderme de la camisa», y se quitó la camisa y la ofreció a la desgraciada.

Y, al quedarse desnuda, empezaron a caer estrellas del cielo, y he aquí que eran relucientes ducados de oro. Y, a cambio de la camisita que acababa de dar, le cayó otra de finísimo hilo. Recogió ella entonces los ducados y fue rica para toda la vida.

Los duendecillos

Un cuento de los hermanos Grimm

Un zapatero se había empobrecido de tal modo, y no por culpa suya, que, al fin, no le quedaba ya más cuero que para un solo par de zapatos. Cortólos una noche, con propósito de coserlos y terminarlos al día siguiente; y como tenía tranquila la conciencia, acostóse plácidamente y, después de encomendarse a Dios, quedó dormido. A la mañana, rezadas ya sus oraciones y cuando iba a ponerse a trabajar, he aquí que encontró sobre la mesa los dos zapatos ya terminados. Pasmóse el hombre, sin saber qué decir ni qué pensar. Cogió los zapatos y los examinó bien de todos lados. Estaban confeccionados con tal pulcritud que ni una puntada podía reprocharse; una verdadera obra maestra.

A poco entró un comprador, y tanto le gustó el par, que pagó por él más de lo acostumbrado, con lo que el zapatero pudo comprarse cuero para dos pares. Los cortó al anochecer, dispuesto a trabajar en ellos al día siguiente, pero no le fue preciso, pues, al levantarse, allí estaban terminados, y no faltaron tampoco parroquianos que le dieron por ellos el dinero suficiente con que comprar cuero para cuatro pares. A la mañana siguiente otra vez estaban listos los cuatro pares, y ya, en adelante, lo que dejaba cortado al irse a dormir, lo encontraba cosido al levantarse, con lo que pronto el hombre tuvo su buena renta y, finalmente, pudo considerarse casi rico.

Pero una noche, poco antes de Navidad, el zapatero, que ya había cortado los pares para el día siguiente, antes de ir a dormir dijo a su mujer:

–    ¿Qué te parece si esta noche nos quedásemos para averiguar quién es que nos ayuda de este modo?

A la mujer parecióle bien la idea; dejó una vela encendida, y luego los dos se ocultaron, al acecho, en un rincón, detrás de unas ropas colgadas.

Al sonar las doce se presentaron dos minúsculos y graciosos hombrecillos desnudos que, sentándose a la mesa del zapatero y cogiendo todo el trabajo preparado, se pusieron, con sus diminutos dedos, a punzar, coser y clavar con tal ligereza y soltura, que el zapatero no podía dar crédito a sus ojos. Los enanillos no cesaron hasta que todo estuvo listo; luego desaparecieron de un salto.

Por la mañana dijo la mujer:

–   Esos hombrecitos nos han hecho ricos, y deberíamos mostrarles nuestro agradecimiento. Deben morirse de frío, yendo así desnudos por el mundo. ¿Sabes qué? Les coseré a cada uno una camisita, una chaqueta, un jubón y unos calzones, y, además, les haré un par de medias, y tú les haces un par de zapatitos a cada uno.

A lo que respondió el hombre:

–   Me parece muy bien.

Y al anochecer, ya terminadas todas las prendas, las pusieron sobre la mesa, en vez de las piezas de cuero cortadas, y se ocultaron para ver cómo los enanitos recibirían el obsequio. A medianoche llegaron ellos saltando y se dispusieron a emprender su labor habitual; pero en vez del cuero cortado encontraron las primorosas prendas de vestir. Primero se asombraron, pero enseguida se pusieron muy contentos. Vistiéronse con presteza, y, alisándose los vestidos, pusiéronse a cantar:

«¿No somos ya dos mozos guapos y elegantes?

¿Por qué seguir de zapateros como antes?.”

Y venga saltar y bailar, brincando por sobre mesas y bancos, hasta que, al fin, siempre danzando, pasaron la puerta. Desde entonces no volvieron jamás, pero el zapatero lo pasó muy bien todo el resto de su vida, y le salió a pedir de boca cuanto emprendió.

La Biografía humana y sus leyes como camino de autoconocimiento

Capacitación para la atención del niño menor de tres años:

15 y 16 de Junio de 2019

Imparte: Consuelo Abad, Psicóloga Antroposófica especializada enTrabajo Biográfico y Asesora en Educación. 

La Biografía Humana y sus leyes como camino de autoconocimiento (2º parte).

Canciones y versos. 

Manualidad: Gatito tejido.

Para recibir mas información y  reservar plaza escribir a casawaldorf@gmail.com o por teléfono al 635 799 179


Hacer para las necesidades del niño. Qué y cómo. Ritmo diario/ semanal/ estacional/ anual.

Capacitación para la atención del niño menor de tres años:

13 y 14 de julio de 2019

Imparte: Sandra Chandia R. Maestra Waldorf

Canciones y versos. 

Manualidad: Muñeco de pie.

Para recibir mas información y  reservar plaza escribir a casawaldorf@gmail.com o por teléfono al 635 799 179

La fiesta de la comprensión

El acontecimiento de Pentecostés significa un cambio fundamental en la historia del ser humano; es el despertar en el alma de los discípulos de una profunda comprensión del Ser solar.

Esta comprensión transforma a los discípulos en apóstoles. Cada año caminamos desde Navidad, cuidando, mirando nuestra luz interior. Hemos escuchado y quizás hayamos sentido sutilmente la presencia de esta humanidad intensa que nos va compenetrando a través del año. Esta intensa luz interior nos permite vivir en nuestros corazones  la pasión y la muerte que se transforma en resurrección en la Primavera.

Algo de este suceso natural quiere volver a repetirse dentro de nosotros en cada fiesta de Pentecostés. También nosotros hemos “caminado” con El sol  desde Navidad, lo hemos “mirado” interiormente, entonces podremos festejar Pentecostés como la fiesta del conocimiento y la iluminación por el Espíritu. El “caminar” interiormente  en la primera mitad del año estimula en nosotros las fuerzas del conocimiento, que nos conducen a una comprensión más profunda del curso del año. Así ocurre también en nuestra vida: amor y dolor pueden ser puertas hacia un conocimiento más profundo.

Pentecostés es un término que procede del latín Pentecoste, aunque sus orígenes más remotos nos llevan a un vocablo griego que puede traducirse como “quincuagésimo”

“No se puede celebrar la Fiesta de Pentecostés sin sentir que la acción sanadora del Espíritu debe ser precedida por algo definido. Este Espíritu tiene dos nombres, es el Sanador, pero también es el Espíritu de la Verdad; quiere decir de aquella virtud poderosa que no solamente ilumina desde el centro mismo de la luz, sino que vierte su claridad hacia el centro mismo de lo que se haya en tinieblas»

Rudolf Steiner

“PENTECOSTÉS ES EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA ESPIRITUAL”

No se puede hablar de Pentecostés sin tener en cuenta el acontecimiento de la Ascensión de Cristo a los cielos, cuarenta días después de la Resurrección, esto ocurre estando los discípulos reunidos, ahora ya no lo pueden percibir con su conciencia humana, y esto los lleva a una vivencia profunda de pérdida y soledad, pero esta vez más profunda que cuando murió.

El día 50 después de la resurrección estando los discípulos reunidos “se produjo un ruido que invadió toda la casa en que residían, aparecieron como divididas lenguas de fuego que se posaron en cada uno quedando llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar diferentes lenguas».

Después de Pentecostés se crea una conciencia diferente para los seres humanos, el desarrollo del hombre es posible ya que el Cristo vive en él.

La Fiesta de Pentecostés es la celebración de la individualidad en lo social. El espíritu de Pentecostés es la búsqueda de la sanación y la veracidad.

En todas las celebraciones que se realizan en el Jardín de Infantes, es el adulto quien debe tener la conciencia del contenido espiritual de cada una de ellas, con los niños se vivencian a través de las imágenes contenidas en los versos, cuentos y rondas.

La imagen de esta época es la paloma como símbolo de conexión con el mundo espiritual

La cajita de Olinalá

poema de Gabriela Mistral

Cajita mía 

de Olinalá, 

palo-rosa, 

jacarandá. 

Cuando la abro 

de golpe da 

su olor de reina 

de Sabá. 

¡Ay, bocanada 

tropical: 

clavo, caoba 

y el copal! 

La pongo aquí, 

la dejo allá; 

por corredores 

viene y va. 

Hierve de grecas 

como un país: 

nopal, venado, 

codorniz, 

los volcanes 

de gran cerviz 

y el indio aéreo 

como el maíz. 

Así la pintan, 

así, así, 

dedos de indio 

o colibrí; 

y así la hace 

de cabal 

mano azteca, 

mano quetzal. 

II 

Cuando la noche 

va a llegar, 

porque me guarde 

de su mal, 

me la pongo 

de cabezal 

donde otros ponen 

su metal. 

Lindos sueños 

que hace soñar; 

hace reír, 

hace llorar: 

Mano a mano 

se pasa el mar, 

sierras mellizas 

campos de arar. 

Se ve al Anáhuac 

rebrillar, 

la bestia-Ajusco 

que va a saltar, 

y por el rumbo 

que lleva al mar, 

a Quetzalcoalt 

se va a alcanzar. 

Ella es mi hálito, 

yo, su andar; 

ella, saber; 

yo, desvariar. 

Y paramos 

como el maná 

donde el camino 

se sobra ya, 

donde nos grita 

un ¡halalá! 

el mujerío 

de Olinalá.

La Serpiente Blanca

Hace mucho tiempo vivía un rey, famoso en todo el país por su sabiduría. Nada le era oculto; y parecía que por el aire le llegaban las noticias de las cosas más desconocidas  y secretas. Pero tenía una extraña  costumbre. Todos los días, después de la cena, cuando la mesa había sido retirada y cuando nadie se hallaba presente, un criado de confianza le servía un plato más. Estaba tapado, y ni siquiera el criado sabía lo que contenía, pues el Rey no lo descubría ni lo comía hasta encontrarse completamente solo.

Las cosas siguieron así durante mucho tiempo, hasta que un día al criado que retiraba el plato, le entró una curiosidad irresistible, y después de retirar el plato, lo llevó a su propia habitación. Cerró la puerta con todo cuidado, levantó la tapadera y vio que en la bandeja yacía una serpiente blanca. No pudo resistir el antojo de probarla, cortó un pedacito y se lo llevó a la boca.

Apenas lo hubo tocado con la lengua, cuando oyó un extraño susurro de suaves voces que venían de afuera de la ventana. Él fue y escuchó con detenimiento, y observó que eran gorriones que hablaban entre sí, contándose mil cosas que vieran en los campos y bosques. Al comer aquel pedacito de serpiente había recibido el don de entender el lenguaje de los animales.

Sucedió que aquel mismo día se extravió la sortija más valiosa de la Reina, y la sospecha del robo recayó sobre el fiel criado que tenía acceso a todo lugar del palacio. El Rey le mandó comparecer a su presencia, y con duras palabras le amenazó,  diciéndole que si para el día siguiente no lograba descubrir al ladrón, la culpa recaería en él y sería severamente castigado. En vano argumentó su inocencia; y fue retirado sin lograr una mejor respuesta.

Con su problema y angustia, bajó al patio, pensando en la manera de salir del apuro. En eso algunos patos descansaban  tranquilamente en el arroyo, y mientras se alisaban las plumas con el pico, sostenían  una animada conversación. El criado se detuvo a escucharlos. 

Conversaban sobre dónde habían pasado la mañana y lo que habían encontrado para comer. Uno de ellos dijo algo disgustado:

-«Siento muy pesado el estómago. Por estar comiendo de prisa, me tragué una sortija que estaba al pie de la ventana de la Reina.»-

Inmediatamente, el criado lo agarró por el cuello, lo llevó a la cocina y dijo al cocinero:

– Éste es un buen pato, que ya está en buena condición para la cena.»-

– «Cierto»- dijo el cocinero sopesándolo con la mano, -«él no ha tenido reparo en engordar por sí mismo, y hace días que estaba esperando ir al asador.»-

El cocinero lo empezó a preparar, y cuando lo estaba adobando, apareció en su estómago el anillo de la reina.

Ahora el fiel criado pudo probar su inocencia, y el rey, queriendo rectificar su error, le ofreció el mejor puesto que quisiera dentro de la corte. 

El criado declinó este honor y solamente pidió un caballo y algún dinero para viajar, pues deseaba ver el mundo y pasarse un tiempo recorriéndole. 

Otorgada su petición, se puso en camino y un día llegó a un estanque, donde observó tres peces que habían quedado aprisionados entre cañas y luchaban por volver al agua. Ahora, aunque se diga que los peces son mudos, el hombre entendió los miserables lamentos de aquellos animales, por verse condenados a una muerte tan miserable,  y como él era de corazón compasivo, se apeó de su caballo y devolvió los tres peces al agua. Ellos saltaban de alegría, y asomando las cabezas, le dijeron:

-» Nos acordaremos de tí, y ya te pagaremos por salvarnos.»-

Siguió cabalgando, y al cabo de un rato le pareció oír  una voz en la arena a sus pies. Escuchó con atención, y oyó a la reina de un hormiguero que se quejaba:

– «¿Por qué esos hombres, con sus torpes bestias, no nos dejan de maltratar tanto? Ese caballo estúpido, con sus pesados cascos, está aplastando sin compasión a mi gente.»-

Entonces él se hizo a un lado del camino, y la reina de las hormigas le gritó:

-» ¡Nos acordaremos de ti, una buena acción, depara otra!»-

El camino lo condujo a un bosque, y allí vio una pareja de cuervos a la orilla de su nido, que arrojaban de él a sus hijos:

– ¡Fuera de aquí, vagabundos, buenos para nada!»- les gritaban. -«No podemos seguir alimentándolos. Ya están bastante grandecitos para proveerse por sí mismos.»-

Pero los pobres polluelos quedaban en el suelo, agitando sus alitas y lloriqueando:

– «¡Oh, que desdichados somos,  que debemos de buscarnos la comida y todavía no sabemos volar! ¿Qué más podremos hacer, sino morirnos de hambre?»-

Se bajó el joven, mató al caballo con su espada  y dejó su cuerpo para alimento de los pequeños cuervos, los cuales se acercaron a saltos sobre la presa y, una vez satisfechos, dijeron:

– ¡Nos acordaremos de tí y te lo pagaremos!

El criado tubo que seguir su viaje a pie, y después de caminar un largo trecho, llegó a una gran ciudad. Había gran ruido y multitud de gente en las calles, y un hombre venía montado a caballo, gritando en voz alta:

-«La hija del rey desea un esposo, pero quien pretenda su mano debe cumplir una dura tarea, y si no lo logra será severamente castigado.»-

Muchos ya habían hecho el intento, pero en vano. Sin embargo, cuando el joven vio a la princesa, fue cautivado por su belleza, y olvidando cualquier peligro, fue donde el rey y se declaró como pretendiente.

Entonces lo condujeron mar adentro, y en su presencia arrojaron al fondo un anillo. El Rey le ordenó que trajese el anillo del fondo del mar, y añadió:

-«Si vuelves sin ella, serás precipitado al mar y abandonado a tu suerte.»-

Todos los presentes se compadecieron del apuesto mozo, y se retiraron dejando al joven solo en la playa. Él se quedó allí, considerando lo que debía de hacer, cuando de pronto vio tres peces que se le acercaban, y que no eran sino aquellos tres que él había salvado. El que venía en medio llevaba en la boca una concha, que depositó en la playa, a los pies del joven. Él la recogió y la abrió, y en su interior estaba  el anillo de oro.

Lleno de alegría lo llevó al rey, esperando  que le concediese la prometida recompensa. 

Pero la orgullosa princesa, al saber que su pretendiente no era más que un simple criado, lo rechazó, exigiéndole la realización de una nueva tarea. Salió al jardín, y con sus propias manos esparció entre la hierba diez sacos llenos de semilla de mijo y dijo:

– «Mañana, antes de que salga el sol, debes haberlo recogido todo, sin que falte un solo  grano.»-

El joven se sentó en el jardín pensando  sobre como podría cumplir aquella tarea. Pero no se le ocurría nada, y se sentó muy triste pensando que a la mañana siguiente le sería impuesto un terrible castigo. Pero cuando los primeros rayos del sol iluminaron el jardín, encontró los diez sacos  completamente llenos, uno al lado del otro, sin que faltase un solo grano. Por la noche había acudido la reina de las hormigas con sus miles y miles de súbditos, y los agradecidos animalitos habían recogido el mijo muy diligentemente, y lo habían depositado en los sacos.

Bajó la princesa en persona al jardín y pudo ver muy asombrada que el joven había hecho la tarea encomendada. Pero su corazón orgulloso no estaba saciado aún, y dijo:

-«Aunque él haya realizado las dos tareas,  no será mi esposo hasta que me traiga una manzana del Árbol de la Vida.»-

El pretendiente ignoraba dónde crecía aquel árbol, pero se puso en camino, dispuesto a no detenerse mientras lo sostuvieran sus  piernas, aunque no abrigaba esperanza alguna de encontrarlo. Después de haber  recorrido ya tres reinos, un atardecer llegó a un bosque y se tendió a dormir debajo de un árbol. Pero él oyó un rumor entre las ramas, y al instante una manzana dorada cayó en sus manos. En ese mismo momento bajaron volando tres cuervos, que se posaron sobre sus rodillas, y le dijeron:

-«Somos aquellos cuervos pequeñitos que salvaste de morir de hambre. Ahora, ya crecidos, supimos que andabas en busca de la manzana del Árbol de la Vida, entonces cruzamos  volando el mar y llegamos hasta el confín del mundo, donde crece el Árbol de la Vida, y te hemos traído la manzana»-

El joven, con todo júbilo, reemprendió el camino de regreso, y llevó la manzana dorada a la bella princesa, la cual no puso ya más excusas. Ellos partieron la manzana de la vida en dos mitades y se la comieron juntos. De inmediato en el corazón de la princesa brotó un sincero y gran amor por el joven, y vivieron muy felices hasta el fin de sus vidas.

Imagen cortesía de: loralora.com

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