7 y 8 de marzo – Capacitación para la atención del niño menor de 3 años

Capacitación para la atención del niño menor de 3 años

Tema: La Biografía Humana y sus leyes como camino de conocimiento (1ª Parte)

Ponente: Consuelo Abad Psicóloga antroposófica: Trabajo Biográfico

De los acontecimientos y vivencias que conforman nuestra vida y de las crisis que se derivan de todo ello, surgen preguntas que nos confrontan con nosotros mismos:

¿Por qué me pasa esto?

¿Por que a mí?

¿Qué sentido tiene mi vida?

En el Taller conoceremos las distintas etapas de la vida por las que atravesamos como seres humanos, sus leyes y características. Con ejercicios prácticos nos acercaremos a nuestra biografía para  conocernos mejor y  poner las bases para la autoeducación.

Se ruega confirmación.

Fundación Frax

El pasado jueves, Sandra Chandía ofreció la conferencia-coloquio «¿Qué es una Madre de Día Waldorf?» en la Fundación Frax.

La charla estaba dirigida a toda persona interesada en conocer el trabajo de una madre de día Waldorf (Madres, Padres, Abuelos, Abuelas, Maestros(as), Psicólogos(as), Profesionales de la educación y la salud).

Agradecemos a la fundación Frax y a todos los asistentes la buena acogida.

 

Conferencia en la fundación Frax

Conferencia-Coloquio

¿Qué es una Madre de Día Waldorf?

 

El valor de una atención en el hogar para el niño pequeño. Una propuesta que concilia verdaderamente las necesidades del niño y las del adulto.

Situación actual d la profesión en España

Condiciones de trabajo de las madres de día

 

Impartido por:

Sandra Chandía Riaño

Maestra Waldorf y Madre de Día en Casa Waldorf – Altea

 

 

Dirigido a: Madres, Padres, Abuelos, Abuelas, Maestros(as), Psicólogos(as), Profesionales de la educación y la salud y a toda persona interesada en conocer el trabajo de una madre de día Waldorf

 

Impulso Waldorf Manzanares

Sábado 21 febrero

16:00h – 17:30h         Charla: ¿Qué es la pedagogía Waldorf?

Etapas evolutivas y necesidades del primer septenio de vida.

17:30h – 18:00h         Pausa – merienda

18:00h – 18:30h         Taller vivencial: Dibujo con bloques de cera , una experiencia de color

18:30h – 20:00h         Coloquio – ronda de aportaciones personales – vivencias – preguntas – comentarios.

 

 

Domingo 22 febrero

10:00h a 10:30h         Ronda y parte rítmica: activación a través de la música y el movimiento.

10:30h – 11:30h         Taller para padres y niños. Confección de juguetes con elementos de la naturaleza.

11:30h – 12:00h         Pausa

12:00h – 13:30h         La intelectualización de la infancia, observando el acontecer cotidiano.

 

Versos y canciones

Tomasa

Amasa Doña Tomasa

Amasa pronto la masa

Amasa, amasa la masa

 

 

El panadero del Rey

Yo soy el panadero

El panadero del Rey

Mi cabellera de oro

Siempre escondo bajo el gorro

 

 

Amasar

Amasar, rico pan

A comer, pan con miel

 

El Pan

De la tierra nace el trigo

Que el campesino sembró

A su hora las espigas dan sus granos por montón

Gira, gira molinero

Y los granos se molieron

Un gran cuenco de harina fina

El molino regaló

El panadero afanoso, la gran masa preparó

Y la hogaza doradita en el horno se coció.

 

 

El pan de los niños

4 tazas de harina de espelta integral o semi

25gr de levadura fresca

Sal (una cucharita pequeña aprox.)

Aceite de oliva (4 cucharadas aprox. )

Agua tibia

 

Preparación

Disolver con los dedos la levadura y ponerla en un cuenco pequeño, agregar una pizca de azúcar y agua tibia (para caliente). Esperar que la levadura comience a hacer burbujas. Reservar

Poner la harina en un cuenco, agregarle la sal y mezclar

Hacer un agujero en el centro de la harina y agregar la levadura y agua hasta llenar el hueco.

Alrededor del hueco con agua, agregar el aceite sobre la harina, intentando que no se mezcle con el agua.

Mezclar todos los ingredientes con la cuchara de madera, luego poner un poco de harina seca sobre la mesa y amasar.

Se puede hacer una pieza de pan con toda la masa o bien repartirla en porciones y ofrecer a los niños para que hagan su propio pan.

Después de preparados los panes, dejar reposar tapado con un mantel de cocina durante media hora.

Hornear por 20 minutos aproximadamente en horno precalentado a 160º.

 

Abriendo puertas

El próximo jueves, 19 de febrero estáis invitados a venir a Casa Waldorf para tratar el tema:

Grandes momentos, compañía simple ¿cuando llega el momento del destete?, ¿duermo en mi cama? ¡No quiero comer!

“Abriendo puertas” es un encuentro de padres, madres y amigos que nos permiten comentar sobre temas de interés para el acompañamiento de nuestros niños y niñas.

En Casa Waldorf de 18 a 19:30h

Un espacio familiar y cálido para compartir nuestras vivencias de madre y padre y encontrar desde la pedagogía Waldorf caminos de reflexión interior.

Vivir la Experiencia de ser madre/padre como una oportunidad de crecimiento, un desafío, una gran escuela.

Los encuentros se realizan por aportación económica anónima y voluntaria.

Madre Nieve

Cierta viuda tenía dos hijas, una de ellas hermosa y diligente; la otra, fea y perezosa. Sin embargo, quería mucho más a esta segunda, porque era verdadera hija suya, y cargaba a la otra todas las faenas del hogar, haciendo de ella la cenicienta de la casa. La pobre muchacha tenía que sentarse todos los días junto a un pozo, al borde de la carretera, y estarse hilando hasta que le sangraban los dedos. Tan manchado de sangre se le puso un día el huso, que la muchacha quiso lavarlo en el pozo, y he aquí que se le escapó de la mano y le cayó al fondo. Llorando, se fue a contar lo ocurrido a su madrastra, y ésta, que era muy dura de corazón, la riñó ásperamente y le dijo: «¡Puesto que has dejado caer el huso al pozo, irás a sacarlo!» Volvió la muchacha al pozo, sin saber qué hacer, y, en su angustia, se arrojó al agua en busca del huso. Perdió el sentido, y al despertarse y volver en sí, encontróse en un bellísimo prado bañado de sol y cubierto de millares de florecillas.

 

Caminando por él, llegó a un horno lleno de pan, el cual le gritó: «¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí, que me quemo! Ya estoy bastante cocido.» Acercóse ella, y, con la pala, fue sacando las hogazas. Prosiguiendo su camino, vio un manzano cargado de manzanas, que le gritó, a su vez: «¡Sacúdeme, sacúdeme! Todas las manzanas estamos ya maduras.» Sacudiendo ella el árbol, comenzó a caer una lluvia de manzanas, hasta no quedar ninguna, y después que las hubo reunido en un montón, siguió adelante. Finalmente, llegó a una casita, a una de cuyas ventanas estaba asomada una vieja; pero como tenía los dientes muy grandes, la niña echó a correr, asustada. La vieja la llamó: «¿De qué tienes miedo, hijita? Quédate conmigo. Si quieres cuidar de mi casa, lo pasarás muy bien. Sólo tienes que poner cuidado en sacudir bien mi cama para que vuelen las plumas, pues entonces nieva en la Tierra. Yo soy la Madre Nieve.» Al oír a la vieja hablarle en tono tan cariñoso, la muchacha cobró ánimos, y, aceptando el ofrecimiento, entró a su servicio. Hacía todas las cosas a plena satisfacción de su ama, sacudiéndole vigorosamente la cama, de modo que las plumas volaban cual copos de nieve. En recompensa, disfrutaba de buena vida, no tenía que escuchar ni una palabra dura, y todos los días comía cocido y asado. Cuando ya llevaba una temporada en casa de Madre Nieve, entróle una extraña tristeza, que ni ella misma sabía explicarse, hasta que, al fin, se dio cuenta de que era nostalgia de su tierra. Aunque estuviera allí mil veces mejor que en su casa, añoraba a los suyos, y, así, un día dijo a su ama: «Siento nostalgia de casa, y aunque estoy muy bien aquí, no me siento con fuerzas para continuar; tengo que volverme a los míos.» Respondió Madre Nieve: «Me place que sientas deseos de regresar a tu casa, y, puesto que me has servido tan fielmente, yo misma te acompañaré.» Y, tomándola de la mano, la condujo hasta un gran portal. El portal estaba abierto, y, en el momento de traspasarlo la muchacha, cayóle encima una copiosísima lluvia de oro; y el oro se le quedó adherido a los vestidos, por lo que todo su cuerpo estaba cubierto del precioso metal. «Esto es para ti, en premio de la diligencia con que me has servido,» díjole Madre Nieve, al tiempo que le devolvía el huso que le había caído al pozo. Cerróse entonces el portal, y la doncella se encontró de nuevo en el mundo, no lejos de la casa de su madre. Y cuando llegó al patio, el gallo, que estaba encaramado en el pretil del pozo, gritó:

«¡Quiquiriquí, nuestra doncella de oro vuelve a estar aquí!»

 

Entró la muchacha, y tanto su madrastra como la hija de ésta la recibieron muy bien al ver que venía cubierta de oro. © 2015 grimmstories.com
© 2015 grimmstories.com
Contóles la muchacha todo lo que le había ocurrido, y al enterarse la madrastra de cómo había adquirido tanta riqueza, quiso procurar la misma fortuna a su hija, la fea y perezosa. Mandóla, pues, a hilar junto al pozo, y para que el huso se manchase de sangre, la hizo que se pinchase en un dedo y pusiera la mano en un espino. Luego arrojó el huso al pozo, y a continuación saltó ella. Llegó, como su hermanastra, al delicioso prado, y echó a andar por el mismo sendero. Al pasar junto al horno, volvió el pan a exclamar: «¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí, que me quemo! Ya estoy bastante cocido.» Pero le replicó la holgazana: «¿Crees que tengo ganas de ensuciarme?» y pasó de largo. No tardó en encontrar el manzano, el cual le gritó: «¡Sacúdeme, sacúdeme! Todas las manzanas estamos ya maduras.» Replicóle ella: «¡Me guardaré muy bien! ¿Y si me cayese una en la cabeza?» y siguió adelante. Al llegar frente a la casa de Madre Nieve, no se asustó de sus dientes porque ya tenía noticia de ellos, y se quedó a su servicio. El primer día se dominó y trabajó con aplicación, obedeciendo puntualmente a su ama, pues pensaba en el oro que iba a regalarle. Pero al segundo día empezó ya a haraganear; el tercero se hizo la remolona al levantarse por la mañana, y así, cada día peor. Tampoco hacía la cama según las indicaciones de Madre Nieve, ni la sacudía de manera que volasen las plumas. Al fin, la señora se cansó y la despidió, con gran satisfacción de la holgazana, pues creía llegada la hora de la lluvia de oro. Madre Nieve la condujo también al portal; pero en vez de oro vertieron sobre ella un gran caldero de pez. «Esto es el pago de tus servicios,» le dijo su ama, cerrando el portal. Y así se presentó la perezosa en su casa, con todo el cuerpo cubierto de pez, y el gallo del pozo, al verla, se puso a gritar:

«¡Quiquiriquí, nuestra sucia doncella vuelve a estar aquí!»

 

La pez le quedó adherida, y en todo el resto de su vida no se la pudo quitar del cuerpo.

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